Las facturas de la luz y el gas. Consejos prácticos.

Cada mes en un caso y cada dos en el otro, recibimos en nuestro buzón las facturas de la luz y el gas. ¿Miramos unicamente el importe total que debemos pagar, sonriendo "agradecidos" si es menor que el período anterior? ¿O nos detenemos minimamente a comprobar los conceptos que nos facturan? Los que han respondido afirmativamente a esta última cuestión estarán velando por sus intereses, pues por muy conformes que creamos estar con el servicio que nos prestan, no debemos olvidar que estamos recibiendo el mismo a cambio de nuestro dinero.

En este sentido, basicamente deberíamos fijarnos en el precio unitario que nos cobran (¿se corresponde con el estipulado?) y en el "término energía" el cual se refiere al consumo que hemos realizado en el período facturado (¿coincide con la lectura del contador?, ¿nos lo cobran al precio -asimismo- estipulado?) ... Por lo demás, el resto de puntos que se reflejan en factura tiene que ver con conceptos "fijos", como la potencia contratada, el impuesto sobre la electricidad, el IVA.... En nuestro repaso, conviene coger la calculadora y resumar los parciales. Lo común es no encontrar error en la operación que nos hicieron, pero esos 5 minutos que utilizamos en realizarla nos ayudan también a familiarizarnos con el papel, los términos y cifras que incluye, y a detectar facilmente cualquier anomalía, novedad u observación en futuras recepciones.

Si hemos descubierto un error, o para cualquier tipo de duda que tengamos respecto de los puntos que aparecen en factura, podemos ejercitar nuestros derechos de información en los teléfonos y direcciones de internet que las compañías consignan (todas lo hacen normalmente en los márgenes superiores o inferiores).

En la actualidad tenemos en España mercado libre regulado por Ley. ¿Cómo afecta esto a nuestra factura? En los precios que nos cobrará cada comercializador, y en los descuentos sobre el consumo u otras ofertas. Tenemos derecho a elegir el comercializador de luz y gas que deseemos sin por ello ver mermada la calidad del servicio.

A ese respecto, y para ayudar a los que aún no conocen el "papel" por el cual las empresas se vinculan con el cliente, conviene dar una somera definición de ambas categorías. Distinguimos:

A) Comercializador: Tiene la relación con el cliente y le suministra el gas natural y/o la luz hasta su hogar haciendo uso de las infraestructuras del distribuidor. Es la que ofrece al cliente los precios, ofertas, etc., emitiendo la correspondiente factura.

B) Distribuidor. Propietario y responsable del desarrollo, operación y mantenimiento de infraestructuras: redes y acometidas. Cara al cliente es responsable, entre otras, de la lectura de los consumos y la inspección periódica de las instalaciones de los usuarios.

La razón por la que existen esas dos figuras es para que el cliente, al cambiar de comercializadora de libre elección, no tenga que modificar nada en la instalación de luz o gas.

Por tanto, si observamos con un mínimo de interés nuestra propia economía doméstica, es aconsejable revisar los contratos de suministro anualmente. No está de más realizar unas cuantas llamadas o solicitar información de ofertas a las diversas compañías operantes, a fin de, conocida nuestra media de consumo anual, valorar si nos conviene cambiar el nombre de la factura a la que mejores condiciones ofrece. Porque solamente se trata de  eso: cambiar ventajosamente el nombre de la factura sin que debamos notar merma en la calidad que estamos recibiendo.

Señalar, finalmente, que podemos optar tanto ser clientes del mismo comercializador para la luz y el gas, como por uno diferente para cada suministro. La elección queda en casa.

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