El ser más misterioso del universo
Quien no se ha detenido alguna vez, en medio de un cielo estrellado, a contemplar la inmensidad del firmamento y a comparar nuestro tamaño tan ínfimo con tan vastas y gigantescas creaciones que la naturaleza, cual una galería majestuosa, nos muestra y nos revela casi en silencio que detrás de tanta creatividad y tanto diseño tan perfecto existe un diseñador inigualable: Dios.
Dios: una palabra sencilla de cuatro letras, que denota la posición y la autoridad del ser más grande que haya existido jamás, el único ser que desde tiempos antiguos se le ha asociado con la eternidad, con la bondad y con la expresión más pura y sublime del amor supremo; el ser que lo gobierna todo y que está por encima de todo ser creado.
¿Cuántas veces no hemos mencionado ese nombre en múltiples circunstancias? O en los momentos de angustia, de dolor, de frustración o desesperación ¿es el único nombre al que invocamos, pedimos, rezamos, rogamos o reclamamos? Un ¡Dios mío! o un ¡Dios ayúdame! Son frases de auxilio que vienen por defecto en nosotros cuando nacemos y que las pronunciamos a lo largo de nuestras vidas; algunas veces conscientemente y otras casi sin darnos cuenta.
Nos lo han descrito de mil formas y le hemos dado mil nombres desde tiempos inmemoriales, pero las preguntas que quisiéramos contestar ¿cuánto verdaderamente sabemos de su figura, de su estatura, de su esencia, de su sabiduría infinita y de su gran poder? ¿Cómo será su rostro? ¿Será como lo pintan nuestros artistas o su belleza es imposible de ser retratada? ¿Tendrá un cuerpo sobrenatural que trasciende el tiempo y el espacio o solo es un espíritu sin forma y sin materia? ¿Cuánto tiempo ha vivido o que hacía antes de que la raza humana siquiera fuera una idea o un proyecto en su mente infinitamente creativa? Quizás son preguntas que rayan una curiosidad desbocada y atrevida que desea clasificarlo, enumerarlo, catalogarlo y hasta encajonarlo en una mente tan pequeña como la humana o quizás son preguntas que surgen de la necesidad innata de nuestro ser por conocerlo en toda su plenitud.
Dios es aun más grande e infinito del dios que nosotros nos imaginamos o creemos. Es todavía más bondadoso o más amoroso de lo que nosotros creemos que es. Pero todavía es más misterioso e inescrutable de lo que nuestra imaginación alcance siquiera a mirar. Y no por ello que sea inalcanzable pues es paradójicamente el ser que desea estar más cerca de nosotros. La razón de esto? Para saciar esa sed que tenemos de escudriñar sus más íntimos secretos.

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