Un descubrimiento fundamental...
¿Cuántas veces nos sentimos impotentes ante las circunstancias y dificultades de la vida, ante nuestros propios sentimientos...? ¿Cuántas veces hemos dicho "yo soy así" como justificación o tal vez con el pleno convencimiento de lo que decimos y con la consecuente sensación de no poder hacer nada, de no poder romper el círculo que nos impide avanzar en alguna dirección?
La realidad es que "no tiene por qué ser así".
La realidad es que, aunque nos sintamos embargados por los sentimientos, ellos no son los dueños de nuestra vida; que aunque no sepamos o no encontremos fuerzas hacer las cosas de otra forma, tampoco nuestro comportamiento es permanente. La realidad es que, pese a que sintamos nuestros pensamientos como algo tan nuestro, tan íntimo, tampoco ellos son incuestionables.
No somos como somos en lo relativo a nuestros sentimentos, pensamientos y actos de la misma forma en que somos altos o bajos, morenos o rubios.... y aunque todos tenemos ciertas características de personalidad más o menos definidas, desde que somos muy pequeñitos estamos inmersos y participamos de nuestro proceso de crecimiento y desarrollo.
En este proceso vivimos experiencias de aprendizaje de todo tipo. Aprendemos a gatear, a andar, a comer, a jugar, a hablar y poco a poco aprendemos igualmente a pensar.
Nuestro pensamiento tiene forma y contenido. Esa forma y contenido se van concretando con nuestras experiencias personales, familiares, con los amigos, en la escuela y la cultura que nos toca.
Ante este planteamiento nos podemos resistir, decir: "qué va, no puedo cambiarlo, yo soy así"... pero lo cierto es que "yo" soy el fruto de todo esto... de mi génetica -por supuesto- y de todo este proceso de crecimiento y cambio.
También podemos decir: "uf, menos mal, fantástico, puedo hacer algo..."
Esto es igualmente una muestra de lo que te cuento. Puedes elegir entre la primera y la segunda alternativa, entre plantear que el cambio no es posible y permanecer en las dudas y los miedos que existan en ti, o bien, instalarte en el deseo de avanzar a la tranquilidad, la seguridad,...
Si eliges la segunda debes saber que la clave está en tus pensamientos, en su forma, en su contenido. Debes saber que lo primero que hay que hacer es reconocerlos, sobre todo aquellos que resultan nocivos y te impiden ser feliz, ser valiente, estar tranquil@, disfrutar de los demás.... Y también debes decidirte a cambiarlos.
Ahora es a ti a quien corresponde tomar esa elección, plantearte si quieres hacerlo y decidir cómo actuar.
Ánimo, es posible.

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